Mi planta es un soplón

Cuídese de las papas chips, las plantas y, por supuesto, de los teléfonos inteligentes: tienen oídos. Comencemos por hablar del sonido y…

Mi planta es un soplón

Cuídese de las papas chips, las plantas y, por supuesto, de los teléfonos inteligentes: tienen oídos.
Comencemos por hablar del sonido y las técnicas de escuchar. ¿Qué es el sonido? Una onda que viaja a través del aire, un cambio en la presión del aire que golpea nuestros tímpanos. Así que todo sonido provoca una pequeña corriente de aire que nuestros oídos saben cómo captar y nuestro cerebro cómo tratar.
Captar los sonidos es una forma básica de espionaje. Desde un principio, el oído pegado a una puerta, una pared, o sobre un riel de ferrocarril son técnicas que permiten al espía, el o la amante, vecinos, ladrones o pieles rojas mantenerse informados. Puede ser rudimentario pero requiere de pocos recursos.
Siguiendo el curso del desarrollo tecnológico, buscando más instrumentos para la escucha, en 1816 el doctor René Laennec inventó el estetoscopio: un simple tubo, con el paciente en un extremo y el oído en el otro. La invención va a experimentar una serie de mejoras hasta 1852, cuando nació el modelo que todavía se utiliza hoy en día. Algunas de sus utilidades: escuchar al cuerpo humano, mecanismos explosivos (ver foto de un equipo de desminado, 1942) o combinaciones de cajas de seguridad.
En 1878 el micrófono apareció, puede usted referirse a cualquier película de espías -preferentemente en blanco y negro- para una demostración de la gama de posibilidades, ventajas y defectos que este nuevo dispositivo propone para la escucha…
El problema es que el oído puede estar un poco lejos, digamos algunas decenas de metros, del escenario a espiar. Se hace necesario el desarrollo de nuevos recursos. En este caso lo que necesitamos es una ventana y un láser. De hecho, el vidrio se comporta como la membrana de un altavoz: las vibraciones de la voz lo hacen vibrar imperceptiblemente, pero lo suficiente para que el láser pueda detectar el movimiento. Se puede analizar el haz de luz del láser reflejado por el cristal y así “escuchar” conversaciones de la misma manera que con la oreja pegada a la pared. El problema es que el material es algo caro y no está disponible para el público en general.
En 2009, el equipo del profesor Zeev Zalevsky mejoró el proceso de láser mencionado: la nueva técnica es más fina porque permite apuntar directamente a la persona que habla o a su teléfono. El sonido es capturado mediante el análisis de las variaciones en el moteado de la luz, la cual es producida por las vibraciones de la superficie del objeto. Estas vibraciones son causadas ya sea por el sonido emitido o transmitido. Para mayor discreción es preferible utilizar un láser de luz infrarroja, la cual es invisible a nuestros ojos. Esta técnica parece funcionar a la perfección y requiere de poco cálculo informático para decodificar la señal y volver a crear el sonido. La desventaja es que sigue siendo una opción cara.
Recientemente (2014), un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, Boston) desarrolló una técnica similar, excepto que sin láser. Por medio de esta técnica, el sonido ambiente es captado por una cámara que filma a alta velocidad, por ejemplo, una bolsa de papas chips en el piso. En otras palabras, el paquete de papas chips actúa como un micrófono. Un significativo proceso de extracción, filtrado y decodificación es aplicado por computadoras a la grabación en video y el sonido se extrae de las imágenes.
Una vez más, el problema de costos: una cámara de alta velocidad no es fácil de adquirir. Pero encontraron una solución al problema. El sensor de la cámara no graba la imagen completa de una sola vez, sino línea por línea (scan, en inglés). Es posible acceder al video de estas experiencias (https://youtu.be/FKXOucXB4a8), donde se filman y luego se extrae el sonido de un paquete de papas chips, de una planta y de unos auriculares. Créase o no, funciona y lo llaman el micrófono visual.
Por último, debo mencionar la creatividad de un equipo de California que logró reconstruir el sonido captado por el giroscopio presente en un smartphone, invención lógicamente llamada gyraphone. El giroscopio es el componente electrónico del teléfono sensible a la orientación del mismo. Su función es detectar el movimiento y la posición del teléfono. Se utiliza, por ejemplo, para girar el contenido mostrado en la pantalla en una dirección u otra, dependiendo de cómo se orienta el teléfono.
El uso de este gyraphone es muy sencillo: se coloca el teléfono sobre la mesa y eso es todo. Son tan sensibles que pueden no sólo grabar las voces, sino también tener una idea de la ubicación de las fuentes de emisión de sonido en tres dimensiones (por ejemplo, la ubicación de las personas en una habitación).
Pensarán ustedes que no se trata de algo nuevo. ¡Se equivocan! Las aplicaciones que se ejecutan en los smartphones piden autorización para utilizar el micrófono o las cámaras, pero nunca para utilizar el giroscopio. Esto quiere decir que la grabación puede llevarse a cabo sin su consentimiento, a través de una aplicación aparentemente inofensiva o no invasiva (consulta del clima, mensajería, juegos, etc.).
¿Qué hacer con todos estos grandes hallazgos? La guerra, el espionaje, por supuesto. Pero, ¿es posible encontrar otras formas de utilización, más pacifistas? Sin lugar a dudas. Algunos ejemplos posibles: el monitoreo de los signos vitales de forma remota y sin contacto (¡adiós al estetoscopio!), la reconstrucción del entorno sonoro de una película muda, la sincronización de una banda sonora y una película, etc. Para una lista más completa de posibles aplicaciones, pregunte directamente a los servicios secretos de su país. (Traducción: Lorely Miranda)

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